El sexo dos veces por semana ayuda a prevenir el infarto

Los varones sexualmente activos tienen un 45% menos de probabilidad de sufrir un ataque cardíaco, según un estudio publicado en la revista American Journal of Cardiology.

El sexo es bueno para el corazón. Así se recoge en un estudio publicado en la revista científica, que concluye que los hombres que practican el sexo con regularidad, al menos dos veces por semana, son menos propensos a padecer problemas cardíacos. En concreto, los varones activos tienen un 45% menos de posibilidades de sufrir un infarto que otros cuyas relaciones se circunscriben a menos de una vez al mes. El estudio se realizó en 1.000 hombres. De las mujeres aún no hay conclusiones.

Vía medicina21.com

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  1. ricardo
    11 abril 2010 en 12:03 am

    El sexo fuera del matrimonio apesta. Al que esté leyendo esto, permítame despertarlo con la siguiente amonestación: Dios existe y sucede que ese Dios es JUSTO. Los fornicarios y todos los que hacen lo malo la van a pagar algún día si no se arrepienten. Por eso:

    ¡LIBÉRESE DE LA ADICCIÓN YA, AL INSTANTE!

    ¿Adicto a algo malo? ¿Está viviendo una vida de porquería y no la vida que debe de vivir? ¿Se está haciendo daño a usted mismo y a los demás? ¿Quiere vivir una vida de verdadera felicidad? Entonces, por favor, DEJE DE ENGAÑARSE, su egoísmo es la causa de su ruina. No solamente algún mal en específico al que usted es adicto tiene la facultad para causarle la ruina en su vida, sino que cualquier otro mal al que usted sea adicto también tiene el poder por sí solo para causarle la desgracia. Usted es el culpable de la desgracia en que se encuentra. ¡Usted y solamente usted! No siga echándole la culpa a alguien o a algo por las maldades que usted hace. Cada quien es responsable de sus propios actos. No siga abrazando la mentira que lo está sumergiendo en la oscuridad. Usted está bajo engaño. La realidad, aunque no le guste, es que usted es egoísta, y la verdadera adicción que usted tiene, es la adicción al PECADO. El pecado, y no otra cosa, es su horrible ADICCIÓN. Esta es verdaderamente la gran adicción que hace de su vida un desastre. La Biblia declara que “toda injusticia es pecado (1 Juan 5:17)”, entiéndase— inmoralidad sexual, murmuración, robo, hechicería, homicidio, avaricia, envidia, etc. Sea cual sea la injusticia en la que usted esté enredado, eso hace de usted un pecador. Jesús vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento “…No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento (Lucas 5:32)”. Los pecadores son aquellos que pecan. Arrepentirse de ser pecador es dejar de ser pecador, es decir, abandonar el pecado y tornarse a Dios. Así que Jesucristo lo invita a dejar de pecar. Si usted peca, está rechazando a Jesús. Esa es la razón por la que usted rechaza la luz, es decir, porque sus obras son malvadas, y eso, por supuesto, trae la condenación de Dios sobre usted “…Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Juan 3:19)”. Usted ama el pecado, y usted es su esclavo, porque “todo el que peca es esclavo del pecado (Juan 8:34)”. Pero usted será libertado de esa esclavitud si llega a conocer la verdad “…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32)”. En el instante en que usted conozca la verdad, será libre. Así que la razón de que usted sea un adicto, un esclavo del pecado, es porque está creyendo en la mentira y rechazando la verdad, que hace libre. Por tanto, deje de ser egoísta y de amar la mentira, y acepte la verdad, y evite así la ira de Dios sobre usted, porque “los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad, recibirán el gran castigo de Dios (Romanos 2:8)”. ¿Quiere dejar de ser adicto al pecado y llegar a ser salvo? Ya sabe lo que tiene que hacer, creer en la verdad, en Jesús. La fe es lo que lo hará vencer sobre este perverso mundo al que ahora usted le sigue la corriente, ya que “esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4)”. La fe es la que extirpa del hombre la adicción al pecado. El que tiene fe no peca, y el que peca no tiene fe. Según Jesús, el que peca se dirige hacia el infierno, y el que lo obedece, hacia el cielo. ¿Cree usted eso? ¿Cree usted en Jesús? ¿Tiene usted fe en Jesús? Jesús es la verdad. Crea en Jesús, crea en lo que Él dijo, y al instante dejará de pecar y será salvo. Ya sea que usted esté esclavizado a la borrachera, o a la pornografía, o al homosexualismo, o a la ira, o a la avaricia, o a todas juntas, o a cualquier otro pecado, Dios liberta del pecado al ser humano. Dios transforma los corazones. Déjese transformar por Dios al creer en el mensaje del evangelio. Usted será juzgado por lo que decida hacer con el evangelio, con la verdad. No siga endureciendo su corazón ante Dios por su apego al pecado, ya que “por tu obstinación y por tu corazón empedernido sigues acumulando castigo contra ti mismo para el día de la ira, cuando Dios revelará su justo juicio (Romanos 2:5)”. Cambie inmediatamente ese corrupto y perverso corazón que usted tiene, y hágase de un corazón puro y nuevo, como Dios ordena en su palabra “…arrojen de una vez por todas las maldades que cometieron contra mí, y háganse de un corazón y de un espíritu nuevos (Ezequiel 18:31)”. Mientras usted siga rechazando la decisión de arrepentirse y continúe en su adicción al pecado, usted está rechazando la gran bondad y paciencia de Dios para con usted “… ¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento? (Romanos 2:4)” Algún día esa paciencia de Dios terminará para usted, y entonces será muy tarde para que usted se arrepienta de ser pecador. Ahora es el tiempo, de este lado de la tumba. Arrepiéntase con lloro y lamento de todas sus perversidades que ha estado cometiendo. Postergarlo para otra ocasión podría ser muy tarde. Sus pulmones aún respiran, pero tal vez dentro de un par de horas no continúe siendo así. ¿Quién sabe? Tal vez hoy a su corazón se le ocurra dejar de bombear sangre, o tal vez hoy usted se atore al tragar la comida cuando esté cenando, o tal vez a alguien se le ocurra asesinarlo, etc. Si usted muere así, o sea, siendo pecador, acabará en el fuego eterno del infierno. Dios es misericordioso y afirma en su palabra que no quiere la muerte del impío, sino que se arrepienta y que viva “…Tan cierto como que yo vivo —afirma el SEÑOR omnipotente—, que no me alegro con la muerte del malvado, sino con que se convierta de su mala conducta y viva (Ezequiel 33:11)”. Teniendo en cuenta esto, ¿Qué espera usted para arrepentirse de su mala conducta? ¿Seguirá rechazando ese gran perdón que Dios le ofrece? ¿Seguirá en la adicción al pecado y viviendo esa vida tan horrible? ¿Seguirá sin paz y bajo la condenación de Dios por causa de su amor a sus pecados? ¿Seguirá resistiendo la verdad? He aquí que usted sabe lo que tiene que hacer para ser libre y salvo. ¡USTED DECIDE!

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